RESUMEN

El club La Esperansa, fundado en Viena en 1898 por un grupo de estudiantes de los Balcanes, fue el germen del sefardismo. El club era la sede que los agrupaba y donde definían su identidad judía, afirmando a la vez la preservación de su herencia sefardí. Muchos de estos estudiantes fueron los gestores del movimiento sefardista.
El sefardismo se manifestó de forma organizada en la década de 1920, como una de las respuestas a la política de la corriente principal del sionismo. Mientras que los sionistas sostenían la teoría de un pueblo judío unido para la construcción del hogar nacional en Palestina, los sefardistas favorecían tanto poner esfuerzos tanto en Palestina como en el galut.
En el Congreso Sionista en Viena de 1925 se llevó a cabo la Conferencia Mundial Sefardí. Allí se fundó la Confederación Universal de los Judios Sefaradim, la cual intentaría organizar a las comunidades del galut, y lucharía para obtener su reconocimiento dentro del movimiento sionista. Dispuestos a colaborar con la Organización Sionista Mundial, los líderes de la Confederación acentuaban su preocupación por la comunidad sefardí en Palestina para la que exigían un tratamiento justo y equitativo, con respecto a los incentivos que se brindaban a sus hermanos asquenazíes.
En 1927 Sabetay Djaen, gran rabino de Monastir, uno de los fundadores de la Confederación, viajó en misión proselitista a América Latina. Durante su gira Djaen proclamaba ambiciosos objetivos: elevar el estándar intelectual de las comunidades sefardíes, en sus ámbitos nacionales y religiosos, e incrementar esfuerzos para el renacimiento de Palestina. Su éxito entre las comunidades sefardíes de varios países americanos fomentó el diálogo entre la Confederación y la Organización Sionista Mundial y se acordaron protocolos para promover la cooperación entre ambas entidades.
A comienzos de la década del treinta, la Confederación comenzó a declinar; no lograba instalarse entre la juventud, que se inclinaba más hacia el ala izquierda del sionismo, ni tampoco suscitaba entusiasmo en la masa trabajadora. Sin embargo, logró colocar el problema sefardí en la agenda pública del sionismo y establecerse, durante el periodo de su actuación, como una preocupación importante en el movimiento sionista. Otros intentos de organización continuaron hasta que el estallido de la Segunda Guerra Mundial paralizara estos esfuerzos.