MUNDO SEFARADÍ:
YEHUDA HALEVÍ: EL GRAN POETA Y PENSADOR HEBRAICO-ESPAÑOL DE LA EDAD MEDIA
Por Autor: José Alberto Trop
La existencia de Yehuda Haleví está rodeado de un halo de espiritualidad, de una aureola divina, como un pasajero fantasmagórico, que proviniendo de la Divinidad, se insertó en el seno del pueblo judío dejando su mensaje de amor eternamente. Se arraigó profundamente en Israel con una musa poética excepcional, redimiendo a su pueblo, para finalmente desaparecer en una bruma de enigmático contenido filosófico y de religiosidad mística.
En todos sus poemas entreteje los principios esenciales del judaísmo: la Torá, la redención, el Dios Unico, el pueblo y su tierra Israel (Sión), Jerusalén.
Haleví nació hace 900 años, entre 1070 y 1086, en fecha y lugar imprecisos, en un lugar del sur de España –Toledo, Tudela o Castilla--; y su muerte también es una incógnita, acaecida entre 1143 y 1170, en un incierto lugar de Medio Oriente, en Tiro ó Jerusalén. Su padre, Samuel de Castilla, hombre honorable y acaudalado, brindó a su hijo una excelente educación.
Toledo, bajo el gobierno de Alfonso VI, cristiano, al que le interesaba las ciencias y la cultura, permitió el libre desarrollo cultural y económico de moros y judíos, brindando prosperidad inigualable en la época dorada española.
Haleví, desde los 14 años, descolló con sus poemas, con musa y numen extraordinarios. Su juventud, transcurrió tranquila y feliz, que se reflejó en sus versos a la naturaleza, el vino, el santo sábado, la belleza, el colorido de los árboles, las golondrinas y ruiseñores, al mar, a Dios, al Amor.
Estudió en la afamada Academia Talmúdica de Lucena, dirigida por el Rab Isaac Alfasi, célebre en su época, junto a grandes talmudistas de su tiempo como José Aben Migash, José Aben Zadik. Siempre estuvo rodeado de grandes amigos como los conocidos granadinos Moisés y Abraham Ibn Ezra, excelente poeta “penitente” el primero y el segundo fue el mayor polígrafo judeoespañol después de Maimónides.
Su profesión, fu la de médico; como tal fue muy renombrado en Toledo; su esposa murió en la edad mediana, y una hija suya, según la leyenda, se habría casado con Abraham Ibn Ezra.
Sufrió mucho por las penurias y martirios soportados por el pueblo judío, perseguido por cristianos y mahometanos, -almohades y almorávides-, por el desprecio que unos y otros mostrban por el pueblo judío, precisamente por carecer de un territorio y gobierno propios, que era tenido entonces como prueba de que Dios había quitado definitivamente su amparo a los hebreos.
Es entonces cuando alcanza su cénit de su preocupación por su pueblo y escribe el “Cuzarí”, apología excelsa sobre el judaísmo, su pasión por la Torá, investigándola e interpretándola profundamente, por la tierra ancestral de Israel, Jerusalén, “ciudad, morada de paz”, su amor por Sión (que unifica a los significados de Jerusalén, Israel o el pueblo de Israel).
Es allí cuando Yehuda Haleví expresa magníficamente su elevado objeto amoroso, en exquisitos y brillantes versos poéticos, al “elevarse” (aliá) a Jerusalén, mediante sus más bellas poesías, denominadas las “Siónidas”, en el poeta sionista, lírico nacional judío más importante de todos los tiempos.
La época de Yehuda Haleví
Haleví vivió en una época de relativa calma, de apaciguamiento, con una llamativa prosperidad cultural, material y social entre moros, judíos y cristianos del sur español. Córdoba, antigua capital del califato occidental, “la perla del universo”, con población heterogénea de 113.000 casas, hermosas mezquitas, escuelas, y una antigua y espléndida universidad. Entre sus 70 bibliotecas, una poseía 400.000 volúmenes, demostrativo de por sí, la profusa actividad cultural desplegada.
Toledo, famosa región agrícola por sus cereales y frutos, fue pacificada enteramente por Abd-ar-Rahaman III, y a partir de entonces, fue la única ciudad de España que durante la noche, no cerraba sus puertas.
Haleví y su familia gozaban de los frutos de la civilización hispano-islámica-hebrea, florecieron espléndidas obras como de Ibn Hazan e Ibn Gabirol, desarrollo espiritual que no ha sido alcanzado en Europa sino recién hacia el siglo XIX.
Entre los 8 millones de españoles, vivían centenares de miles de judíos, con gobierno propio, desempeñando un conspicuo papel en la vida económica, política y cultural. Ciudades como Granada, Barcelona, Tarragona, Lucena, Andalucía, Castilla y
Toledo, contaban con gran cantidad de judíos.
Hacia fines del siglo XI, comenzó una época de despiadada intolerancia religiosa, aniquilamiento entre moros y cristianos, con la batalla de Sagrajas, entre almorávidoes marroquíes y castellanos, con las cruzadas y el nefasto perjuicio para las comunidades hebreas, que padecieron de la intolerancia y el odio de hordas fanáticas de almorávides, luego almohades y cristianos enardecidos. La “guerra santa” era lo más trascendente. Las obras de Al-Ghazali, su defensa de la religión mahometana contra el nacionalismo, impresionaron en forma indeleble sobre el pensamiento de Haleví. Así, ve finalizando lentamente, el glorioso período de floreciente colaboración arábigo-cristiano-judío en la península ibérica, tristemente con la expulsióp inquisitorial de los judíos en los siglos XIV y XV.
En cuanto al espíritu judío, en el dominio de la filosofía, de mística que fue a la manera de los árabes, se tornó positiva con el agregado considerable del componente religioso.
Después de haber sido neoplatónico, se inspiró en Aristóteles, y así, con Platón y el estagirita como modelos, los filósofos judíos utilizaron las traducciones árabes y los cristianos las versiones en latín. La obra maestra de esta literatura fue “Elementa theologiae” de Proclo y “Teología”.
El poeta del amor
Leví, vagabundeando entre las villas de Andalucía, Toledo, Granada, encontró en la mujer judía toledana de su época, a la belleza más encantadora. En efecto, en virtud de los rituales mosaicos que prescribían cuidar del cuerpo con extrema meticulosidad, vestida y adornada con gusto, representaba en aquellos siglos mozárabes y góticos, lo femenino por autonomasia, la belleza con los encantos y atractivos singulares, quien era la única mujer que sabía leer y escribir, que estudiaba junto al hombre las ciencias, la poesía, los textos sagrados del judaísmo. Y así escribe:
“Como una niña de pecho, así ayer la tierra
libaba la leche de las nubes;
o como nodriza las amamantaba
con los pechos de sus fuentes,
o bien era como una novia amorosa
recluída entre hielos invernales,
que languidece anhelosa por su amante
hasta que el bálsamo del estío
cura su corazón dolido.
Vestida de macizos de oro,
adornada de sedosas lilas
como una dulce niña mimada,
se contornea con presunción graciosa.
Abrazada a su amante,
le besa en los labios;
cómo brillan sus retoños!
Son esas rosas y flores
Estrellas robadas al firmamento,
Luces celestes divinas,
Que cuelgan en sus ramas?”
A veces, emplea imágenes tomadas de los cantos bíblicos para expresar episodios venturosos de amor:
“Al borde de un arroyuelo,
está una linda paloma
con encantos que hechizan los ojos;
cualquiera posee oro y plata,
pero nunca tesoro como mi paloma.
A dónde querrá volarse?,
pregunto confuso y admirado;
muchos nidos podrán hallarse,
pero nunca como en el corazón mío.”
Leví sintió desde muy joven el fuego del amor dando a sus sentimientos expresión muy elocuente. Así como el amante de los cantos de Salomón, sintió a la pasión amorosa “inexorable como la muerte”, y que sus brasas envueltas en una llama celeste no se extinguen jamás (Cantar de los cantares, 8.6)
Y en su viaje a Sión, en medio de tempestades marinas, describe sus peregrinaciones peligrosas, elabora sus pesares y cantó jubilosamente para alcanzar su meta:
“Cómo estallan y truenan las marinas montañas!
Zumban y silban los vientos!
Las olas azotan y baten la nave;
Los mástiles tiemblan y crujen
Rechinan y astillan las tablas,
Castañetean y rugen las velas,
Danzan y saltan las olas!”
Otro hecho poco conocido, es el carácter precursor del castellano que tuvo el insigne poeta hebreo. Así, fueron hallados versos castellanos, lo que indica que escribió españo antes que Gonzalo de Berceo y el autor anónimo del Mío Cid, precediéndolo unos en un siglo (Tesis de Menéndez y Pelayo):
“Vayse meu corachón de mib
Ya, Rab, si se me tornarád?
Tan mal meu doler li-l-habib,
Enfermo yed, cuándo sanarad?”
Mi corazón se me escapa;
Ay, Dios, no me volverá?
Tan grande es mi dolor por el amado
enfermo está, cuándo sanará?
Sin embargo, alcanza su madurez poética cuando llega a la Tierra Prometida, Sión, entonando el cántico grandioso de la redención popular así:
“Sión! No has de demandar
si tienen paz tus encarcelados,
los que buscan tu paz
y son el resto de tus rebaños.
Al llanto de tu aflicción
soy como el chacal;
Empero, cuando sueño con el retorno
de tu cautiverio
soy el arpa de tus canciones.”
Y en los versos escritos en alabanza a Dios, nos dice con una musa poética inigualable:
“Todos los luceros cantan delante de ti porque han tomado su brillo de tu fulgor, los ángeles montan guardia día y noche para ensalzar tu nombre, purifica mis pensamientos para que yo reconozca tu Divinidad”.
En síntesis, podemos tener el legado del gran pensador y poeta judeo-español Yehuda Haleví, poeta de la religiosidad, bardo nacional hebreo, gran pregonero de la resurrección nacional judía, vocero del alma humana ante Dios.
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