MUNDO SEFARADÍ:
El Judeoespañol
Por María Cherro de Azar
La Biblia es la patria portátil de los judíos.
En el principio fue la lengua
Los judíos allí donde nos trasladamos llevamos patrimonio cultural, religión y lengua.
Un idioma contiene la identidad de su pueblo: religión, tradiciones, costumbres; pasado, presente y futuro. Y ese universo de propiedades permitió a los judíos expulsados de España mantener su lengua.
Hacia principios del siglo XVII el aragonés, el leonés, el castellano constituyeron el substrato del judeo-español. A esa lengua, en regiones del Imperio Otomano también se la denominó español, djudezmo, djudió, djidió o aún spanyolit o espanyoliko, en el norte de Marruecos recibió el nombre de jaquetía, frente a la denominación espanyol jalis, el español verdadero, de España
Sepharad, denominación bíblica de la Península Ibérica, inspiró a los judíos expulsados para autodenominarse sefardíes. Ellos se integraron a las comunidades judías pre-existentes de los países adonde llegaban. En algunos casos, después de cierto tiempo en la nueva tierra, adoptaban la lengua de esa ciudad, perdían el español que los identificaba.
Los sefardíes que se establecieron en el norte de Marruecos y el Imperio Otomano, mantuvieron su idioma español y lo impusieron a esas comunidades judías. El idioma español también fue usado por algunos no judíos para establecer relaciones comerciales con los sefardíes.
Y ese español de los sefardíes, lengua arcaizante, en evolución, fuera de la Península Ibérica, muy pronto fue considerada específicamente judía. De ahí el calificativo del idioma: judeoespañol. Y de ahí también el gentilicio con el que se designa a los judíos del norte de Marruecos, del ex Imperio Otomano y a sus descendientes, hoy dispersos por los confines de la tierra.
El judezmo lleva en sus entrañas la memoria de su pueblo, es el testimonio vivo de su existencia, tiene la huella de las ciudades por las que transitó y de aquellos pueblos con los que tuvo contacto. No hay culturas mayores o menores. Hay culturas diferentes. Cada una se expresa en un modo propio. El idioma es la base sobre la que esa cultura fue pensada. Y es además la acción que le permite manifestarse.
Los judíos somos inventores de lenguas.
Jaim Nahman Bialik
Los judíos del Imperio Otomano eran diferentes a los autóctonos; su lengua fue permeable a la influencia de usos y costumbres. El habla de esa judería tiene una textura compuesta por elementos heterogéneos, principalmente el castellano medieval con palabras hebreas y arameas, árabes y portuguesas. Se incluyó gradualmente el turco, el griego, el italiano y el francés.
A los españoles que llegaron a fines del siglo XVIII a las ciudades del Mediterráneo, desde la Península, les llevó bastante tiempo reconocer como ancestro de su propio idioma, a la lengua que hablaban los sefardíes; y le endilgaron semejante resistencia a la judeidad de esos españoles.
La sinagoga cumplió un excepcional lugar de conservatorio, mantuvo los cánticos incorporados en Castilla y en Andalucía, trasmitidos en las melodías litúrgicas y paralitúrgicas, tanto a las comunidades de Marruecos como a las del Imperio Otomano.
El idioma francés tuvo una fuerte influencia en el judeoespañol. A partir de 1860 en las ciudades donde vivían judíos se crearon las Escuelas de la Alliance Israelita Universelle. Con esta enseñanza surgió un nuevo estado de la lengua. Antes de la llegada de estas escuelas los sefardíes mantenían su lengua enriquecida sólo con vocablos de las culturas orientales. En esas ciudades no les permitían desarrollarse ni recibir educación formal. A partir de la actividad que tuvo la escuela francesa, los sefardíes incorporaron además del francés, conocimiento y costumbres de la vida occidental.
Los sefardíes nos resistimos a entregar la memoria que sostiene el judeo-español y la cultura que este idioma refleja; trabajamos activamente en su preservación. Y sólo es posible esa continuidad en el ámbito de la lengua materna, reserva de su propia poesía.
La tecnología y la aparición de Internet modificaron, de manera casi repentina, el uso del judeoespañol. En los últimos cinco años se incorporaron en la red, textos, diccionarios y foros con gran cantidad de miembros que escriben y consultan cuestiones propias del djudezmo. Se aceleró el encuentro de esta lengua que, lejos del silencio, sigue buscando a su pueblo.
|